Escribe LUIS E. GALINDO
¿Puedes imaginar cómo son los hombres valientes?. Fornidos, musculosos, altos, vigorosos, robustos, varoniles, pero también, aptos y capaces para la guerra. Además, saben usar las armas y están adiestrados, instruidos, enseñados y acostumbrados a la guerra y, han participado ya en varias batallas.
Hace ya muchos años, pero igual que hoy en el Medio Oriente, tribus de Israel se enfrentaban, cuerpo a cuerpo, con tribus opositoras de Arabia, aunque ahora también, cuerpo a cuerpo, usan modernas y sofisticadas armas que no aquellos escudos, espadas y arcos que sus antepasados usaban para cubrir sus semidesnudos cuerpos que parecían unos gigantes, unos Hércules, unos gladiadores.
Aquellos hombres valientes, estaban concentrados en su cuartel, listos para salir a la batalla, pero todos los días entrenaban y se adiestraban; eran guerreros de película en 3D, bueno, eso parecían y, eran en realidad, una masa de gentes organizadas para la guerra. Soldados capaces de todo y en especial de acabar con todo enemigo que se les enfrentara. Su fuerza y su presencia eran descomunales; el sólo verlos causaba miedo, y terror, y pánico.
Se enfrentaron tribus israelitas contra tribus árabes de agarenos, los primeros, descendientes de Sara, la madre de Isaac y los segundos, de Agar, la madre de Isamel, pero unos y otros tenían a ABRAHAM como su padre carnal y, también espiritual, pues Abraham es padre de tres de las más grandes religiones del mundo actual: el judaísmo, el cristianismo y el islamismo.
Le estoy contando la HISTORIA DE DOS TRIBUS Y MEDIA, israelitas enfrentados a los agarenos, tribus árabes de la madre de Isamel, más tribus de tres hijos de Ismael. TODOS HOMBRES VALIENTES y más numerosos eran los hombres valientes de Isamel, pero en plena guerra, en medio de la batalla de aquellos corpulentos hombres valientes, los israelitas "clamaron a Dios en la guerra, y les fue favorable, porque esperaron en él".
La soberanía de Dios, es la clave del éxito, o sea, el depositar la fe en Dios y olvidarse de confiar en la porpia fuerza humana, a pesar que esos hombres valientes, parecían no pedir a nadie, ninguna ayuda; a Dios no le gustan los músculos o la fuerza del hombre, aunque sea fuerza como la de un caballo. Confiar en Dios trae su recompensa y, las tribus israelitas ganaron cuantioso botín que incluía a cien mil árabes como prisioneros de guerra. "Y cayeron muchos muertos, porque la guerra era de Dios".
La "Historia de las dos tribus y media" está consignada en el primer libro de Crónicas capítulo 5 de los versos 18 al 22, de la Biblia. Si gustas échale un vistazo.

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