No hay fórmulas mágicas ni tampoco la magia todo lo puede revertir.
O dígame usted, mi lectora o lector, ¿qué receta hay para todos aquellos que se sienten impotentes ante el dolor o la enfermedad de alguien? La impotencia acaba, destruye y también enferma. Y la impotencia es la falta de poder. Yo he visto en el rostro de algunos de los que cuidan enfermos, llanto, angustia, desesperación, tristeza, amargura, pena, dolor y, bueno, en una palabra he visto su impotencia.
Un sábado, dos mujeres veían morir a un pariente suyo, víctima de cáncer a causa del tabaco, y la verdad no acertaban a decir ni hacer nada. La impotencia las sumió en el llanto y sus cuerpos, doloridos, parecían como árboles torcidos; les había dicho el doctor que ya no pasaba la noche.
Y cualquiera se pregunta ¿qué no habrá algún poder que impida la enfermedad?, o ¿qué no habrá un poder que detenga la enfermedad?
Por los pasillos de cualquier hospital, y en las salas de espera, y en las entradas a los hospitales, todo se vuelve un ir y venir de aquellos que traen en sus manos algún medicamento, o de aquellos que apresuran sus pasos para llamar a la enfermera, o de aquellos que llevan y traen noticias, desde la cama los enfermos hasta sus parientes, amigos y conocidos. Y una palabra lo resume todo, y es impotencia. Impotencia que a veces se reviste de impaciencia, de apuros, y de muchos "hubieras".
En los hospitales reina la impotencia, o sea la falta de poder, y ahora les tengo una muy noticia. Si todos aquellos que visitan a sus enfermos tuvieran fe y los contagiaran de su fe, habría una revolución de salud.
La fe, dicen, mueve montañas, y cuando algún visitante de enfermo dice ese dicho, que sabe más porque casi todos lo repiten, sin saber, muchas veces ni siquiera lo que la fe significa, bueno, cuando afirman que la fe mueve montañas, trato entonces de animar su fe y más si es la fe del enfermo, el que dice que tiene "mucha" fe. La fe es un ingrediente sin el cual no puede haber salud donde hay enfermedad. Pero para acabar con la impotencia hace falta tener poder para sanar.
El evangelista Lucas, que por cierto a médico, dice de Jesús que "el poder del Señor estaba con él para sanar". Santiago, otro discípulo de Jesús, sugiere que "si alguno está enfermo, que llame a alguien para que ore por él". Y el mismo Jesús asegura a los que en El creen, que "cualquier cosa que pidan al Padre en su nombre, él la hará".
Una enferma, en algún hospital de Saltillo, Coahuila, cerró sus ojos para orar por ella, y dijo que tuvo una visión y relató que vio a un muchacho vestido de blanco que con su mano tocaba su cabeza.
Otro señor, de Jamé, municipio de Arteaga, Coahuila, reclamó que ya lleva ahí, en esa cama, ocho días, y aún sigue con su pie fracturado, terminó por decir que sintió su pie se movía sin haberlo él movido, además de sentir un calor sobre sus huesos.
La fe mueve montañas, claro que sí, y también la fe mueve dolencias y enfermedades. Como el señor aquel que le tomó la mano a su esposa para indicarle que ya no sentía dolor en la boca del estómago, o como aquella otra mujer, fracturada de la rótula, que vio cómo una sombra bajaba de lo alto y haciéndose chiquita se metía en su rodilla, al mismo tiempo que el dolor se iba.
Para acabar con la impotencia, dentro y fuera de los hospitales, tanto los enfermos como los visitantes deben activar el poder para sanar, el cual está en el interior de cada uno. Y cuando estés frente a algún enfermo, sin dudar, sólo suelta la palabra y, di en voz alta, "Espíritu Santo, en el nombre de Jesús, sánalo", o también puedes decir, "en el nombre de Jesús, echo fuera de este cuerpo, la enfermedad que lo tiene en cama". Tal como tu o como yo, o cualquiera que crea en Jesús, lo puede hacer, porque debemos ser, como afirma la Biblia, "hacedores de la palabra y no oidores olvidadizos". Depende de cada quien, creer, conocer y activar el poder de soltar la palabra de sanidad y, entonces la impotencia huirá.
luis_galindo28@hotmail.com
lunes, 20 de octubre de 2008
EL PODER DE CURAR
No hay fórmulas mágicas ni tampoco la magia todo lo puede revertir.
O dígame usted, mi lectora o lector, ¿qué receta hay para todos aquellos que se sienten impotentes ante el dolor o la enfermedad de alguien? La impotencia acaba, destruye y también enferma. Y la impotencia es la falta de poder. Yo he visto en el rostro de algunos de los que cuidan enfermos, llanto, angustia, desesperación, tristeza, amargura, pena, dolor y, bueno, en una palabra he visto su impotencia.
El sábado pasado dos mujeres veían morir a un pariente suyo, víctima de cáncer a causa del tabaco, y la verdad no acertaban a decir ni hacer nada. La impotencia las sumió en el llanto y sus cuerpos, doloridos, parecían como árboles torcidos; les había dicho el doctor que ya no pasaba la noche.
Y cualquiera se pregunta ¿qué no habrá algún poder que impida la enfermedad?, o ¿qué no habrá un poder que detenga la enfermedad?
Por los pasillos de cualquier hospital, y en las salas de espera, y en las entradas a los hospitales, todo se vuelve un ir y venir de aquellos que traen en sus manos algún medicamento, o de aquellos que apresuran sus pasos para llamar a la enfermera, o de aquellos que llevan y traen noticias, desde la cama los enfermos hasta sus parientes, amigos y conocidos. Y una palabra lo resume todo, y es impotencia. Impotencia que a veces se reviste de impaciencia, de apuros, y de muchos "hubieras".
En los hospitales reina la impotencia, o sea la falta de poder, y ahora les tengo una muy noticia. Si todos aquellos que visitan a sus enfermos tuvieran fe y los contagiaran de su fe, habría una revolución de salud.
La fe, dicen, mueve montañas, y cuando algún visitante de enfermo dice ese dicho, que sabe más porque casi todos lo repiten, sin saber, muchas veces ni siquiera lo que la fe significa, bueno, cuando afirman que la fe mueve montañas, trato entonces de animar su fe y más si es la fe del enfermo, el que dice que tiene "mucha" fe. La fe es un ingrediente sin el cual no puede haber salud donde hay enfermedad. Pero para acabar con la impotencia hace falta tener poder para sanar.
El evangelista Lucas, que por cierto a médico, dice de Jesús que "el poder del Señor estaba con él para sanar". Santiago, otro discípulo de Jesús, sugiere que "si alguno está enfermo, que llame a alguien para que ore por él". Y el mismo Jesús asegura a los que en El creen, que "cualquier cosa que pidan al Padre en su nombre, él la hará".
Una enferma cerró sus ojos para orar por ella, y cuando terminó el pastor de rogar por ella, le dijo que tuvo una visión y relató que vio a un muchacho vestido de blanco que con su mano tocaba su cabeza.
Otro señor, de Jamé, municipio de Arteaga, reclamó que ya lleva ahí, en esa cama, ocho días, y aún sigue con su pie fracturado; dice el pastor que oró por ese hombre y terminó por decir que sintió su pie se movía sin haberlo él movido, además de sentir un calor sobre sus huesos.
La fe mueve montañas, claro que sí, y también la fe mueve dolencias y enfermedades. Como el señor aquel que le tomó la mano a su esposa para indicarle que ya no sentía dolor en la boca del estómago, o como aquella otra mujer, fracturada de la rótula, vio cómo una sombra bajaba de lo alto y haciéndose chiquita se metía en su rodilla, al mismo tiempo que el dolor se iba.
Para acabar con la impotencia, dentro y fuera de los hospitales, tanto los enfermos como los visitantes deben activar el poder para sanar, el cual está en el interior de cada uno. Y cuando estés frente a algún enfermo, sin dudar, sólo di en voz alta, "en el nombre de Jesús, Padre, sánalo", o también puedes decir, "en el nombre de Jesús, echo fuera de este cuerpo, la enfermedad que lo tiene en cama". Tal y como ese pastor lo hace, en hospitales de Saltillo. Depende de cada quien, creer, conocer y activar el poder de soltar la palabra de sanidad y, entonces la impotencia huirá.
luis_galindo28@hotmail.com
O dígame usted, mi lectora o lector, ¿qué receta hay para todos aquellos que se sienten impotentes ante el dolor o la enfermedad de alguien? La impotencia acaba, destruye y también enferma. Y la impotencia es la falta de poder. Yo he visto en el rostro de algunos de los que cuidan enfermos, llanto, angustia, desesperación, tristeza, amargura, pena, dolor y, bueno, en una palabra he visto su impotencia.
El sábado pasado dos mujeres veían morir a un pariente suyo, víctima de cáncer a causa del tabaco, y la verdad no acertaban a decir ni hacer nada. La impotencia las sumió en el llanto y sus cuerpos, doloridos, parecían como árboles torcidos; les había dicho el doctor que ya no pasaba la noche.
Y cualquiera se pregunta ¿qué no habrá algún poder que impida la enfermedad?, o ¿qué no habrá un poder que detenga la enfermedad?
Por los pasillos de cualquier hospital, y en las salas de espera, y en las entradas a los hospitales, todo se vuelve un ir y venir de aquellos que traen en sus manos algún medicamento, o de aquellos que apresuran sus pasos para llamar a la enfermera, o de aquellos que llevan y traen noticias, desde la cama los enfermos hasta sus parientes, amigos y conocidos. Y una palabra lo resume todo, y es impotencia. Impotencia que a veces se reviste de impaciencia, de apuros, y de muchos "hubieras".
En los hospitales reina la impotencia, o sea la falta de poder, y ahora les tengo una muy noticia. Si todos aquellos que visitan a sus enfermos tuvieran fe y los contagiaran de su fe, habría una revolución de salud.
La fe, dicen, mueve montañas, y cuando algún visitante de enfermo dice ese dicho, que sabe más porque casi todos lo repiten, sin saber, muchas veces ni siquiera lo que la fe significa, bueno, cuando afirman que la fe mueve montañas, trato entonces de animar su fe y más si es la fe del enfermo, el que dice que tiene "mucha" fe. La fe es un ingrediente sin el cual no puede haber salud donde hay enfermedad. Pero para acabar con la impotencia hace falta tener poder para sanar.
El evangelista Lucas, que por cierto a médico, dice de Jesús que "el poder del Señor estaba con él para sanar". Santiago, otro discípulo de Jesús, sugiere que "si alguno está enfermo, que llame a alguien para que ore por él". Y el mismo Jesús asegura a los que en El creen, que "cualquier cosa que pidan al Padre en su nombre, él la hará".
Una enferma cerró sus ojos para orar por ella, y cuando terminó el pastor de rogar por ella, le dijo que tuvo una visión y relató que vio a un muchacho vestido de blanco que con su mano tocaba su cabeza.
Otro señor, de Jamé, municipio de Arteaga, reclamó que ya lleva ahí, en esa cama, ocho días, y aún sigue con su pie fracturado; dice el pastor que oró por ese hombre y terminó por decir que sintió su pie se movía sin haberlo él movido, además de sentir un calor sobre sus huesos.
La fe mueve montañas, claro que sí, y también la fe mueve dolencias y enfermedades. Como el señor aquel que le tomó la mano a su esposa para indicarle que ya no sentía dolor en la boca del estómago, o como aquella otra mujer, fracturada de la rótula, vio cómo una sombra bajaba de lo alto y haciéndose chiquita se metía en su rodilla, al mismo tiempo que el dolor se iba.
Para acabar con la impotencia, dentro y fuera de los hospitales, tanto los enfermos como los visitantes deben activar el poder para sanar, el cual está en el interior de cada uno. Y cuando estés frente a algún enfermo, sin dudar, sólo di en voz alta, "en el nombre de Jesús, Padre, sánalo", o también puedes decir, "en el nombre de Jesús, echo fuera de este cuerpo, la enfermedad que lo tiene en cama". Tal y como ese pastor lo hace, en hospitales de Saltillo. Depende de cada quien, creer, conocer y activar el poder de soltar la palabra de sanidad y, entonces la impotencia huirá.
luis_galindo28@hotmail.com
domingo, 5 de octubre de 2008
CATOLICOS SIN BIBLIA
SOLO PARA CATÓLICOS
Por: Luis E. Galindo Carrillo
Para los seguidores de Jesús, no hay otra brújula que su voz y, él mismo así lo mencionó: yo conozco su voz y ellos conocen mi voz y, le voy a decir algo más, que Jesús, no solamente oye su voz, sino que lo conoce por su nombre. Y bueno, cuando alguien contesta el teléfono, es fácil reconocer la voz de quien llama, claro, la voz de alguno que para ti es tu íntimo, por supuesto que de volada, reconoces su voz, igual, ojala puedas decir tu lo mismo de Jesús.
Pero, ¿cómo escuchar hoy a Jesús?. Le recuerdo lo que la Biblia afirma: la fe es por el oír, luego entonces, la fe, su fe, habla, y su voz se escucha. Mire usted, mi amiga o amigo lector, cuando pregunto a alguien, y lo hago seguido, ¿tienes fe?, casi la mayoría me contesta, diciendo, mucha, y entonces, en broma, para romper el hielo, antes de orar por esa persona, le comento, pues dame aunque sea poquita de la que tienes para orar por ti y, casi siempre nos reímos, ah, la fe se nota, se asoma por los ojos y, se ve cuando alguien no tiene ni pizca de fe.
Sin embargo, es reconfortante saber que Jesús es, como se dice en la Biblia, el autor y el consumador de la fe. Y. pienso que así es también cada uno, no de sus seguidores, sino de todos aquellos que primero creen en su corazón, y segundo, reciben a Jesús, diciéndolo, en voz alta, que lo reciben como su Señor y salvador, su Dios y su rey.
Esta confesión de fe, usted la puede hacer para que realmente sea usted, de acuerdo con la Biblia, un hijo de Dios y, no sólo una criatura. Pero, lo tiene que decir con su voz, con su boca, porque en la lengua, está el poder de la vida y de la muerte, como se afirma en la misma Biblia y, si no lo cree, tan solo entonces, recuerde que en el génesis de la creación, se dice ahí mismo en el primer libro de la Biblia, que “Dios habló y fue hecho”, otra vez, mi amiga o amigo, es la voz y, según un bello salmo, su voz, la voz de Dios salió y todo lo recorrió a través del universo entero, producto de su voz, o sea, que el universo vino a la existencia, por el poder de la palabra.
Decía que la fe es por el oír y, agrega la Biblia, y el oír por la palabra de Dios, otra vez, la Biblia habla, por eso se llama así una versión católica, que se intitula Dios Habla Hoy.
Es a través de la Biblia que hoy se escucha la voz de Dios y, como María la madre de Jesús, cualquiera que la lea, creyendo que es la voz de Dios, podrá decir cuando sienta que algo de lo que está leyendo como que está escrito para él, puede entonces decir con María y de esta manera honrarla, cuando diga como ella: hágase en mi conforme a tu palabra.
La Biblia es un libro vivo y eficaz, y es como una espada que penetra hasta lo más profundo del ser de cada quien, y pone al descubierto hasta los deseos y las intenciones de la mente y, también descubre los pensamientos y, separa el alma del cuerpo, y del espíritu.
Los hermanos protestantes, que ya suman millones en el mundo y, cada vez son más, oyen la voz de Dios, a través de diversos medios, pero la voz de la Biblia, es su autoridad, es la máxima voz de Dios quien habla a través de lo que ahí está escrito, porque no se trata de un libro, ni de historia ni de literatura.
La delicia del hombre es meditar de día y de noche en su palabra. Déjeme hacerle una pregunta ¿cuánto tiempo le dedica usted, diariamente, a la lectura de la Biblia?.
Si acaso respondió que nadita de nada, pues entonces, no se extrañe de jamás oír la voz de Dios y, mucho menos de que la Biblia sea la brújula de su vida.
Hay quienes en el mundo traen la Biblia a donde quiera que van y, también, hay otros que la tienen como un elemento decorativo en algún lugar de la casa.
A los católicos les anuncio, por si no lo sabían, que en este mes de octubre, los obispos del mundo están reunidos en Sínodo para hablar acerca de la Palabra, la Biblia, de la cual dijo su líder Benedicto, es la brújula de la existencia humana. luis_galindo28@hotmail.com
Por: Luis E. Galindo Carrillo
Para los seguidores de Jesús, no hay otra brújula que su voz y, él mismo así lo mencionó: yo conozco su voz y ellos conocen mi voz y, le voy a decir algo más, que Jesús, no solamente oye su voz, sino que lo conoce por su nombre. Y bueno, cuando alguien contesta el teléfono, es fácil reconocer la voz de quien llama, claro, la voz de alguno que para ti es tu íntimo, por supuesto que de volada, reconoces su voz, igual, ojala puedas decir tu lo mismo de Jesús.
Pero, ¿cómo escuchar hoy a Jesús?. Le recuerdo lo que la Biblia afirma: la fe es por el oír, luego entonces, la fe, su fe, habla, y su voz se escucha. Mire usted, mi amiga o amigo lector, cuando pregunto a alguien, y lo hago seguido, ¿tienes fe?, casi la mayoría me contesta, diciendo, mucha, y entonces, en broma, para romper el hielo, antes de orar por esa persona, le comento, pues dame aunque sea poquita de la que tienes para orar por ti y, casi siempre nos reímos, ah, la fe se nota, se asoma por los ojos y, se ve cuando alguien no tiene ni pizca de fe.
Sin embargo, es reconfortante saber que Jesús es, como se dice en la Biblia, el autor y el consumador de la fe. Y. pienso que así es también cada uno, no de sus seguidores, sino de todos aquellos que primero creen en su corazón, y segundo, reciben a Jesús, diciéndolo, en voz alta, que lo reciben como su Señor y salvador, su Dios y su rey.
Esta confesión de fe, usted la puede hacer para que realmente sea usted, de acuerdo con la Biblia, un hijo de Dios y, no sólo una criatura. Pero, lo tiene que decir con su voz, con su boca, porque en la lengua, está el poder de la vida y de la muerte, como se afirma en la misma Biblia y, si no lo cree, tan solo entonces, recuerde que en el génesis de la creación, se dice ahí mismo en el primer libro de la Biblia, que “Dios habló y fue hecho”, otra vez, mi amiga o amigo, es la voz y, según un bello salmo, su voz, la voz de Dios salió y todo lo recorrió a través del universo entero, producto de su voz, o sea, que el universo vino a la existencia, por el poder de la palabra.
Decía que la fe es por el oír y, agrega la Biblia, y el oír por la palabra de Dios, otra vez, la Biblia habla, por eso se llama así una versión católica, que se intitula Dios Habla Hoy.
Es a través de la Biblia que hoy se escucha la voz de Dios y, como María la madre de Jesús, cualquiera que la lea, creyendo que es la voz de Dios, podrá decir cuando sienta que algo de lo que está leyendo como que está escrito para él, puede entonces decir con María y de esta manera honrarla, cuando diga como ella: hágase en mi conforme a tu palabra.
La Biblia es un libro vivo y eficaz, y es como una espada que penetra hasta lo más profundo del ser de cada quien, y pone al descubierto hasta los deseos y las intenciones de la mente y, también descubre los pensamientos y, separa el alma del cuerpo, y del espíritu.
Los hermanos protestantes, que ya suman millones en el mundo y, cada vez son más, oyen la voz de Dios, a través de diversos medios, pero la voz de la Biblia, es su autoridad, es la máxima voz de Dios quien habla a través de lo que ahí está escrito, porque no se trata de un libro, ni de historia ni de literatura.
La delicia del hombre es meditar de día y de noche en su palabra. Déjeme hacerle una pregunta ¿cuánto tiempo le dedica usted, diariamente, a la lectura de la Biblia?.
Si acaso respondió que nadita de nada, pues entonces, no se extrañe de jamás oír la voz de Dios y, mucho menos de que la Biblia sea la brújula de su vida.
Hay quienes en el mundo traen la Biblia a donde quiera que van y, también, hay otros que la tienen como un elemento decorativo en algún lugar de la casa.
A los católicos les anuncio, por si no lo sabían, que en este mes de octubre, los obispos del mundo están reunidos en Sínodo para hablar acerca de la Palabra, la Biblia, de la cual dijo su líder Benedicto, es la brújula de la existencia humana. luis_galindo28@hotmail.com
lunes, 22 de septiembre de 2008
SANTÍSIMA MUERTE
SANTÍSIMA MUERTE
Por: Luis E. Galindo Carrillo
Hoy, se levantan altares, lo mismo a la “santísima muerte” que a san “Juditas”. Y, a veces, hasta los colocan juntos y, es que la muerte como san Judas, dicen, arreglan “asuntos difíciles” y casos de “desesperación”, tal vez por ello, ahora se les vea tan juntitos. Y los dos, según los pitan, traen, uno, la guadaña y, el otro, algo parecido, en sus manos. Pero, como ahora se dice, “nada qué ver”. Ah, fue en un misal católico de 1963, en donde vi una pintura así, del joven Judas, con una destructiva arma en sus manos. Desconozco cómo y porqué aparece ahora con túnica blanca, manto verde, una flama sobre la cabeza, una medalla con la imagen de Jesús y, un báculo en su mano en lugar del arma anterior.
Déjeme contarle que ya existían “amigos de la muerte”, hace por lo menos, dos mil años, según denuncia que acabo de leer en la versión católica de la Biblia de Jerusalén, en su libro llamado Sabiduría. Ahí está escrito: “llaman a la muerte con las manos y las palabras; teniéndola por amiga, se desviven por ella y con ella conciertan un pacto”. ¿Qué le parece?, ah, y por cierto, este libro, no viene ni en la “Biblia” de los judíos, ni en las versiones de la Biblia que usan los “hermanos” cristianos.
Basados en la fe, edifican su culto a la muerte, como también, en la fe, otros, edifican el culto a la vida. Y, así, el movimiento de la existencia parece oscilar entre la vida y la muerte; la luz y la oscuridad; el día y la noche; el cielo y la tierra; Dios y Satanás; padre e hijo; invierno y primavera; niñez y vejez. “Sobre la santísima fe”, dice san Judas, en la Biblia, se edifica para la vida eterna y, no para la muerte.
El ciclo de la vida, comienza con el nacimiento, y termina con la muerte, igual que el ciclo de las estaciones, cada primavera anuncia un invierno, pero, en el ciclo de la vida humana, la presencia de Dios todo lo envuelve, para aquel que en ella cree, y va con él, adonde quiera que este vaya. Desde que sale el sol, hasta que se oculta; desde la aurora hasta el atardecer Y, alguien así, no le rinde culto a la muerte, sino a la vida, porque creen en la vida, y vida en abundancia, que trajo Jesús a todos aquellos que en él creen. O sea, la vida eterna.
Y, así, el mismo Dios, atrae con su luz, al otro polo, o sea, a los creyentes, o hijos de luz, pero, amiga o amigo, la luz de Dios, también, está dentro de todo ser viviente, esperando que cada uno, como afirma la Biblia, “avive el don que hay dentro de sí”, para ser atraídos a su eterna presencia. Y es Jesús, precisamente, como lo anuncia un salmo, el que “alumbra los ojos para que el espíritu no duerma de muerte”, o sea, mi amiga o amigo lector, para que eternamente, no muera, como todos aquellos que no tienen esperanza; para que no muera, después de haber muerto físicamente.
¿Y, quién es el tal “san Juditas”? y, claro, espero que en la respuesta, no se equivoque nadie, en vista de que se sabe más de él, por lo de “Juditas”, que por lo que realmente es, y San Judas, es un apóstol de Jesús y, a quien se atribuye una carta, consignada en el nuevo testamento de la Biblia, en la que invita a edificar encima, o construir sobre usted mismo, no un culto a la muerte, sino que invita a edificar, sobre “vuestra santísima fe y orando en el Espíritu Santo”, el edificio de la vida de Jesús. Advierta usted, que muy claramente dice Judas, “santísima fe” y, para nada escribe, “santísima muerte”.
Los dos polos, entre los cuales oscila la existencia de un creyente, no es el común movimiento cíclico, de la vida y de la muerte, sino que un polo, es la vida y, el otro polo, también, es la vida; pero, un polo es, la vida terrenal y, el otro polo, es la vida junto a Dios y, mi amiga o amigo lector, por esta razón, Judas, en su Carta, verso 20, añade que los creyentes en Jesús, deben “mantenerse en la unidad de Dios, aguardando la misericordia de Jesucristo para vida eterna”. Le aclaro que Judas no dice, mantenerse en la unidad de la “santísima muerte”, ni tampoco dice, aguardando la muerte de Satanás para vida eterna. La fe en Jesús, es la solución a los asuntos difíciles y casos de desesperación, esto lo dice san Juditas y, además, el poder de Dios está en el nombre de Jesús, no en que se ande propagando el nombre de Juditas. Urge vivir mientras se exista, para la Vida, así con mayúsculas, porque la Vida es Dios y, termino, parafraseando tres lemas publicitarios: “Di no al culto a la santísima muerte”, y “Elige vivir bien”, bueno, “Para vivir mejor”. luis_galindo28@hotmail.com y http://sabiossecretos.blogspot.com
Por: Luis E. Galindo Carrillo
Hoy, se levantan altares, lo mismo a la “santísima muerte” que a san “Juditas”. Y, a veces, hasta los colocan juntos y, es que la muerte como san Judas, dicen, arreglan “asuntos difíciles” y casos de “desesperación”, tal vez por ello, ahora se les vea tan juntitos. Y los dos, según los pitan, traen, uno, la guadaña y, el otro, algo parecido, en sus manos. Pero, como ahora se dice, “nada qué ver”. Ah, fue en un misal católico de 1963, en donde vi una pintura así, del joven Judas, con una destructiva arma en sus manos. Desconozco cómo y porqué aparece ahora con túnica blanca, manto verde, una flama sobre la cabeza, una medalla con la imagen de Jesús y, un báculo en su mano en lugar del arma anterior.
Déjeme contarle que ya existían “amigos de la muerte”, hace por lo menos, dos mil años, según denuncia que acabo de leer en la versión católica de la Biblia de Jerusalén, en su libro llamado Sabiduría. Ahí está escrito: “llaman a la muerte con las manos y las palabras; teniéndola por amiga, se desviven por ella y con ella conciertan un pacto”. ¿Qué le parece?, ah, y por cierto, este libro, no viene ni en la “Biblia” de los judíos, ni en las versiones de la Biblia que usan los “hermanos” cristianos.
Basados en la fe, edifican su culto a la muerte, como también, en la fe, otros, edifican el culto a la vida. Y, así, el movimiento de la existencia parece oscilar entre la vida y la muerte; la luz y la oscuridad; el día y la noche; el cielo y la tierra; Dios y Satanás; padre e hijo; invierno y primavera; niñez y vejez. “Sobre la santísima fe”, dice san Judas, en la Biblia, se edifica para la vida eterna y, no para la muerte.
El ciclo de la vida, comienza con el nacimiento, y termina con la muerte, igual que el ciclo de las estaciones, cada primavera anuncia un invierno, pero, en el ciclo de la vida humana, la presencia de Dios todo lo envuelve, para aquel que en ella cree, y va con él, adonde quiera que este vaya. Desde que sale el sol, hasta que se oculta; desde la aurora hasta el atardecer Y, alguien así, no le rinde culto a la muerte, sino a la vida, porque creen en la vida, y vida en abundancia, que trajo Jesús a todos aquellos que en él creen. O sea, la vida eterna.
Y, así, el mismo Dios, atrae con su luz, al otro polo, o sea, a los creyentes, o hijos de luz, pero, amiga o amigo, la luz de Dios, también, está dentro de todo ser viviente, esperando que cada uno, como afirma la Biblia, “avive el don que hay dentro de sí”, para ser atraídos a su eterna presencia. Y es Jesús, precisamente, como lo anuncia un salmo, el que “alumbra los ojos para que el espíritu no duerma de muerte”, o sea, mi amiga o amigo lector, para que eternamente, no muera, como todos aquellos que no tienen esperanza; para que no muera, después de haber muerto físicamente.
¿Y, quién es el tal “san Juditas”? y, claro, espero que en la respuesta, no se equivoque nadie, en vista de que se sabe más de él, por lo de “Juditas”, que por lo que realmente es, y San Judas, es un apóstol de Jesús y, a quien se atribuye una carta, consignada en el nuevo testamento de la Biblia, en la que invita a edificar encima, o construir sobre usted mismo, no un culto a la muerte, sino que invita a edificar, sobre “vuestra santísima fe y orando en el Espíritu Santo”, el edificio de la vida de Jesús. Advierta usted, que muy claramente dice Judas, “santísima fe” y, para nada escribe, “santísima muerte”.
Los dos polos, entre los cuales oscila la existencia de un creyente, no es el común movimiento cíclico, de la vida y de la muerte, sino que un polo, es la vida y, el otro polo, también, es la vida; pero, un polo es, la vida terrenal y, el otro polo, es la vida junto a Dios y, mi amiga o amigo lector, por esta razón, Judas, en su Carta, verso 20, añade que los creyentes en Jesús, deben “mantenerse en la unidad de Dios, aguardando la misericordia de Jesucristo para vida eterna”. Le aclaro que Judas no dice, mantenerse en la unidad de la “santísima muerte”, ni tampoco dice, aguardando la muerte de Satanás para vida eterna. La fe en Jesús, es la solución a los asuntos difíciles y casos de desesperación, esto lo dice san Juditas y, además, el poder de Dios está en el nombre de Jesús, no en que se ande propagando el nombre de Juditas. Urge vivir mientras se exista, para la Vida, así con mayúsculas, porque la Vida es Dios y, termino, parafraseando tres lemas publicitarios: “Di no al culto a la santísima muerte”, y “Elige vivir bien”, bueno, “Para vivir mejor”. luis_galindo28@hotmail.com y http://sabiossecretos.blogspot.com
miércoles, 17 de septiembre de 2008
ORIGEN DEL UNIVERSO
ORIGEN DEL UNIVERSO
Por Luis E. Galindo Carrillo
El origen de todo cuanto es, y de todo cuanto existe, se puede reducir a una palabra y, esta es, universo, o si prefiere, Dios. Y para no confundirse, por fuerza, hay que volver a lo que cada palabra significa, etimológicamente, es decir, de acuerdo a las raíces de donde esa palabra se origina o proviene.
Y, mire, la palabra universo, me cautiva, porque a simple vista, el universo, es más grande que la Tierra, aunque para muchos ya, la Tierra, sea lo más grande que existe. Pero, más allá de este planeta, hay otros muchos planetas, y detrás de este sistema solar, otros muchos dentro de la galaxia en la que la Tierra está y, luego hay otras muchas galaxias, y más soles, y más estrellas, y más, porque el universo, dicen ahora los científicos, se expande, o está en continuo desarrollo, o crecimiento.
En hebreo, universo, significa “perpetuo, o eternamente siempre”. Y, en griego, “volver al uno”. Tanto en hebreo como en griego, está escrita toda la Biblia.
Mi amiga o amigo lector, no nos hagamos bolas, y tan solo imagine ahora mismo, que el planeta en el que vivimos, es como un diminuto grano de polvo, el cual ni parece verse, ni pareciera que ahí esté ese granito. Fotos se han tomado ya desde el espacio sideral y, la Tierra, parece estar perdida, que para distinguirla, o para poderla apreciar, en alguna foto, se tiene que poner una flecha, para indicar que ese puntito, es la Tierra.
La Tierra, no es el universo, como tampoco, el sistema solar en el que está la Tierra, ni mucho menos, tampoco, el universo, es la galaxia en el que se mueve el sistema solar en el que está nuestro planeta.
Jesús dijo en el evangelio de Juan, que todos sean uno, Padre, como tú y yo somos uno. Y, mi amiga o amigo, la palabra Uno, con mayúscula, es Dios, porque Dios es, el número uno de todo cuanto hay o existe, no solo en la Tierra, sino en todo el universo. Dice la Biblia, en una carta escrita, en griego, por san Pablo: “solo hay un Dios, el Padre, del cual proceden todas las cosas en el cielo y en la tierra, y nosotros somos para él y, hay un solo señor, Jesús, por medio del cual son todas las cosas, y nosotros por medio de él”.
Le invito, a revisar con sus ojos, o a repasar con su mente, pero, mire, y mire con los ojos, también del corazón, todo cuanto hay, todo cuanto sus ojos puedan mirar, para que vea que todo es, obra del único Dios por quien se vive. Y, si al mirar, lo asalta la duda, pues, no se preocupe, razone, y acuda a la ciencia, y verifique por usted mismo, todo cuanto en el universo hay.
Pero, ya sea, que vea el universo, con el corazón de un niño, que todo lo cree, o ya sea, que mire el universo, con los ojos de la ciencia, le aseguro, que finalmente, tiene que admitir que las bellezas que nos brinda la naturaleza, que las asombrosas criaturas del mar, que las sorprendentemente bellas aves que surcan los aires, que las estrellas que pueblan el firmamento, son obra del Uno, Único, o sea, de Dios, del cual todo procede, como muy bien afirma Pablo en la Biblia.
La palabra universo, está compuesta de otras dos, una es la palabra Uno, y la otra es, Versus y, versus, significa: “ir hacia”, o también, “hacia a”, y, mire bien, lo que significa, etimológicamente, la palabra universo: ir hacia el Uno. Hay una frase italiana que conserva el sentido original de la palabra versus, palabra que por cierto, es un barbarismo inglés, que nos han hecho creer que versus significa: contrario, opositor y, esta es la frase italiana que nos recuerda el original sentido de la palabra versus: “Noi andiamo verso il mare”, que quiere decir: “nosotros nos dirigimos hacia el mar”.
Ahora ya comprendemos, un poco más, eso que dijo Jesús a Dios Padre, acerca de usted, de mí y de todos los demás, que en él creemos: “que sean uno, como Tú yo somos uno”. Entonces, universo, es lo mismo que decir: volvemos a Dios, el principio y fin de todo cuanto hay y existe. Luego, la Tierra, no es nuestra casa, sino tan solo, junto con todo lo que admiramos y sabemos del universo, tan solo, es la antesala de la casa del Padre, al que volvemos, y del que salimos. luis_galindo28@hotmail.com
Por Luis E. Galindo Carrillo
El origen de todo cuanto es, y de todo cuanto existe, se puede reducir a una palabra y, esta es, universo, o si prefiere, Dios. Y para no confundirse, por fuerza, hay que volver a lo que cada palabra significa, etimológicamente, es decir, de acuerdo a las raíces de donde esa palabra se origina o proviene.
Y, mire, la palabra universo, me cautiva, porque a simple vista, el universo, es más grande que la Tierra, aunque para muchos ya, la Tierra, sea lo más grande que existe. Pero, más allá de este planeta, hay otros muchos planetas, y detrás de este sistema solar, otros muchos dentro de la galaxia en la que la Tierra está y, luego hay otras muchas galaxias, y más soles, y más estrellas, y más, porque el universo, dicen ahora los científicos, se expande, o está en continuo desarrollo, o crecimiento.
En hebreo, universo, significa “perpetuo, o eternamente siempre”. Y, en griego, “volver al uno”. Tanto en hebreo como en griego, está escrita toda la Biblia.
Mi amiga o amigo lector, no nos hagamos bolas, y tan solo imagine ahora mismo, que el planeta en el que vivimos, es como un diminuto grano de polvo, el cual ni parece verse, ni pareciera que ahí esté ese granito. Fotos se han tomado ya desde el espacio sideral y, la Tierra, parece estar perdida, que para distinguirla, o para poderla apreciar, en alguna foto, se tiene que poner una flecha, para indicar que ese puntito, es la Tierra.
La Tierra, no es el universo, como tampoco, el sistema solar en el que está la Tierra, ni mucho menos, tampoco, el universo, es la galaxia en el que se mueve el sistema solar en el que está nuestro planeta.
Jesús dijo en el evangelio de Juan, que todos sean uno, Padre, como tú y yo somos uno. Y, mi amiga o amigo, la palabra Uno, con mayúscula, es Dios, porque Dios es, el número uno de todo cuanto hay o existe, no solo en la Tierra, sino en todo el universo. Dice la Biblia, en una carta escrita, en griego, por san Pablo: “solo hay un Dios, el Padre, del cual proceden todas las cosas en el cielo y en la tierra, y nosotros somos para él y, hay un solo señor, Jesús, por medio del cual son todas las cosas, y nosotros por medio de él”.
Le invito, a revisar con sus ojos, o a repasar con su mente, pero, mire, y mire con los ojos, también del corazón, todo cuanto hay, todo cuanto sus ojos puedan mirar, para que vea que todo es, obra del único Dios por quien se vive. Y, si al mirar, lo asalta la duda, pues, no se preocupe, razone, y acuda a la ciencia, y verifique por usted mismo, todo cuanto en el universo hay.
Pero, ya sea, que vea el universo, con el corazón de un niño, que todo lo cree, o ya sea, que mire el universo, con los ojos de la ciencia, le aseguro, que finalmente, tiene que admitir que las bellezas que nos brinda la naturaleza, que las asombrosas criaturas del mar, que las sorprendentemente bellas aves que surcan los aires, que las estrellas que pueblan el firmamento, son obra del Uno, Único, o sea, de Dios, del cual todo procede, como muy bien afirma Pablo en la Biblia.
La palabra universo, está compuesta de otras dos, una es la palabra Uno, y la otra es, Versus y, versus, significa: “ir hacia”, o también, “hacia a”, y, mire bien, lo que significa, etimológicamente, la palabra universo: ir hacia el Uno. Hay una frase italiana que conserva el sentido original de la palabra versus, palabra que por cierto, es un barbarismo inglés, que nos han hecho creer que versus significa: contrario, opositor y, esta es la frase italiana que nos recuerda el original sentido de la palabra versus: “Noi andiamo verso il mare”, que quiere decir: “nosotros nos dirigimos hacia el mar”.
Ahora ya comprendemos, un poco más, eso que dijo Jesús a Dios Padre, acerca de usted, de mí y de todos los demás, que en él creemos: “que sean uno, como Tú yo somos uno”. Entonces, universo, es lo mismo que decir: volvemos a Dios, el principio y fin de todo cuanto hay y existe. Luego, la Tierra, no es nuestra casa, sino tan solo, junto con todo lo que admiramos y sabemos del universo, tan solo, es la antesala de la casa del Padre, al que volvemos, y del que salimos. luis_galindo28@hotmail.com
viernes, 12 de septiembre de 2008
PALABRAS CHINAS EN UN SALMO
¿Cómo se dice: Nido de pájaro, o Nido de Golondrina?
Por: Luis E. Galindo Carrillo
Dicen que el vuelo de las golondrinas, las retorna, en el siguiente vuelo, a su nido anterior. Una vez tomé, allá por el rancho de “Los Valdés”, una foto, a pequeñas golondrinas, que pendían de un plafón, casi pegado al techo de una cochera de casa. Sus nidos, son, digamos, más bien hechos que los nidos de los demás pajarillos.
“¿A dónde irá veloz y fatigada la golondrina que de aquí se va?”. Igualmente, imagino ahora, que de aquella ciudad sede de las Olimpíadas de China, los atletas, así como llegaron, “raudos y veloces”, así también, volvieron y, no porque hayan sido descalificados, sino porque los quince días de juegos olímpicos, concluyeron.
Estuvo en Saltillo, un exitoso chino, conocido internacionalmente y, de tan solo, treinta y tres años y medio de edad, el doctor Marcus Lee, autor del libro “Cómo hacer negocios en China”, cuyo tema desglosó en dos días, durante un seminario ofrecido en el Tecnológico de Monterrey, y copatrocinado por la Secretaría gubernamental de Fomento Económico. Y, bueno, mi comentario no es sobre el increíble país de China, capital del nuevo imperio económico del mundo, sino, solamente cito ese evento, para comentar algo que tal vez, hasta para los mismos asistentes, les pasó de noche.
Lee, preguntó a los asistentes, ¿Conocen a Confucio?, ¿qué saben de Confucio?, y Lee levantaba su brazo, con la mano abierta, para que aquel que algo supiera de Confucio, levantara la mano. Casi nadie lo hizo. De los ojos de Lee, se dibujó en su rostro la inquietante desesperación de comprobar, que nada se sabe aquí de Confucio y, acabó por decir esto que ahora a mí, me desespera, tanto como a Lee y, este dijo que “Confucio es para China, tan importante, como acá, lo es Jesús”. Lee, como en alguna ocasión lo hizo, fustigó así a los presentes: “¡contesten, no se me queden mirando a los ojos; hablen!”.
Déjeme contarle antes, de que Televisa, durante los Juegos Olímpicos, cambió el significado de algunas palabras chinas, y las cuales, de tanto repetirlas, acabamos todos por decir que el estadio olímpico, era ciertamente, el “Nido de Pájaro” y, mire que es una expresión equivocada, porque según dijo Lee, sin que el mismo Lee se refiriera a esto, que el término correcto es, el “Nido de Golondrina”, pero, mencionó al Estadio, llamándolo “Nido de Golondrina”, y no como Televisa popularizó. Y, la verdad, esto tiene para mi mayor significado que el que Televisa le dio, como también, el número 8 no es precisamente, el número de la “buena suerte”, como Televisa lo señaló, repitiendo hasta el cansancio, que la inauguración de los juegos, era el día 8, del mes 8 del año 2008, y exactamente, a las 8 horas, con 8 minutos, como así ocurrió, sino que el número 8, según lo explicó Lee, significa, prosperidad. El “Nido de Golondrina”, es un maravilloso desafío arquitectónico, digno de la golondrina.
Supe algo que le va a sorprender, mi estimada amiga o amigo lector, en China hay un platillo típico de comida y, atinó, sí, se trata de una sopa que se llama “Nidos de Golondrina”, y lo que leí, dice que son tan pequeños los nidos que se requiere de seis, para un litro de caldo, suficiente para cuatro personas. Resulta claro, que no podemos confundir a las golondrinas con simples pájaros, porque en China, las golondrinas, además de ser como otro símbolo de China, son una comida, igual de deliciosa que típica. Y, además, la golondrina hasta canciones tiene, como la que cantan los niños, y que se llama “Pequeña Golondrina”.
Del “Nido de Golondrina” de China, saltemos al Salmo 84 de la Biblia que muy bien define de lo que ahora le comenté: “Hasta el pajarillo ha encontrado una casa, y para sí la golondrina un nido donde poner sus polluelos”. Y, la Biblia, como siempre, vuelve a tener razón, aún en la tierra misma de Confucio, como se afirma en este bíblico salmo.
Y, bueno, Jesús es más que un iluminado; es la luz misma de Dios. Pero, Lee, desesperó mi pensamiento, porque mil trescientos millones de chinos, desconocen a Jesús y, en México ¿cuántos, realmente, conocen a Jesús?, ¿ O saben tanto de Jesús, como de Confucio?. luis_galindo28@hotmail.com
Por: Luis E. Galindo Carrillo
Dicen que el vuelo de las golondrinas, las retorna, en el siguiente vuelo, a su nido anterior. Una vez tomé, allá por el rancho de “Los Valdés”, una foto, a pequeñas golondrinas, que pendían de un plafón, casi pegado al techo de una cochera de casa. Sus nidos, son, digamos, más bien hechos que los nidos de los demás pajarillos.
“¿A dónde irá veloz y fatigada la golondrina que de aquí se va?”. Igualmente, imagino ahora, que de aquella ciudad sede de las Olimpíadas de China, los atletas, así como llegaron, “raudos y veloces”, así también, volvieron y, no porque hayan sido descalificados, sino porque los quince días de juegos olímpicos, concluyeron.
Estuvo en Saltillo, un exitoso chino, conocido internacionalmente y, de tan solo, treinta y tres años y medio de edad, el doctor Marcus Lee, autor del libro “Cómo hacer negocios en China”, cuyo tema desglosó en dos días, durante un seminario ofrecido en el Tecnológico de Monterrey, y copatrocinado por la Secretaría gubernamental de Fomento Económico. Y, bueno, mi comentario no es sobre el increíble país de China, capital del nuevo imperio económico del mundo, sino, solamente cito ese evento, para comentar algo que tal vez, hasta para los mismos asistentes, les pasó de noche.
Lee, preguntó a los asistentes, ¿Conocen a Confucio?, ¿qué saben de Confucio?, y Lee levantaba su brazo, con la mano abierta, para que aquel que algo supiera de Confucio, levantara la mano. Casi nadie lo hizo. De los ojos de Lee, se dibujó en su rostro la inquietante desesperación de comprobar, que nada se sabe aquí de Confucio y, acabó por decir esto que ahora a mí, me desespera, tanto como a Lee y, este dijo que “Confucio es para China, tan importante, como acá, lo es Jesús”. Lee, como en alguna ocasión lo hizo, fustigó así a los presentes: “¡contesten, no se me queden mirando a los ojos; hablen!”.
Déjeme contarle antes, de que Televisa, durante los Juegos Olímpicos, cambió el significado de algunas palabras chinas, y las cuales, de tanto repetirlas, acabamos todos por decir que el estadio olímpico, era ciertamente, el “Nido de Pájaro” y, mire que es una expresión equivocada, porque según dijo Lee, sin que el mismo Lee se refiriera a esto, que el término correcto es, el “Nido de Golondrina”, pero, mencionó al Estadio, llamándolo “Nido de Golondrina”, y no como Televisa popularizó. Y, la verdad, esto tiene para mi mayor significado que el que Televisa le dio, como también, el número 8 no es precisamente, el número de la “buena suerte”, como Televisa lo señaló, repitiendo hasta el cansancio, que la inauguración de los juegos, era el día 8, del mes 8 del año 2008, y exactamente, a las 8 horas, con 8 minutos, como así ocurrió, sino que el número 8, según lo explicó Lee, significa, prosperidad. El “Nido de Golondrina”, es un maravilloso desafío arquitectónico, digno de la golondrina.
Supe algo que le va a sorprender, mi estimada amiga o amigo lector, en China hay un platillo típico de comida y, atinó, sí, se trata de una sopa que se llama “Nidos de Golondrina”, y lo que leí, dice que son tan pequeños los nidos que se requiere de seis, para un litro de caldo, suficiente para cuatro personas. Resulta claro, que no podemos confundir a las golondrinas con simples pájaros, porque en China, las golondrinas, además de ser como otro símbolo de China, son una comida, igual de deliciosa que típica. Y, además, la golondrina hasta canciones tiene, como la que cantan los niños, y que se llama “Pequeña Golondrina”.
Del “Nido de Golondrina” de China, saltemos al Salmo 84 de la Biblia que muy bien define de lo que ahora le comenté: “Hasta el pajarillo ha encontrado una casa, y para sí la golondrina un nido donde poner sus polluelos”. Y, la Biblia, como siempre, vuelve a tener razón, aún en la tierra misma de Confucio, como se afirma en este bíblico salmo.
Y, bueno, Jesús es más que un iluminado; es la luz misma de Dios. Pero, Lee, desesperó mi pensamiento, porque mil trescientos millones de chinos, desconocen a Jesús y, en México ¿cuántos, realmente, conocen a Jesús?, ¿ O saben tanto de Jesús, como de Confucio?. luis_galindo28@hotmail.com
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)
Adoos
Sitio certificado por |
| 4 bed room house petite annonces gratuites |
adoosit4nnGB
Datos personales
- LUIS E GALINDO
- Yo soy gemelo de mi fallecido hermano Sergio y, bueno, terminé estudios primarios,secundarios y preparatorios en San Luis Potosí, aunque la primaria la inicé en la escuela Juan Hernández García de la Colonia Rodríguez Guayulera al poniente de la Ciudad de Saltillo, en donde viví de 1945 a 1958, fecha en que me retiré a San Luis para seguir la carrera sacerdotal con los Misioneros del Espíritu Santo con quienes cursé, además, dos años de Noviciado y dos años de Filosofía y, al salir, estudié en el ITESO con los sacerdotes de la Compañía de Jesús, Ciencias de la Comunicación. Y desde entonces, he sido: catedrático universitario, periodista de radio, prensa y televisión por más de 25 años y desde 2001, el Espíritu Santo cambió mi mente al recibir en mi corazón a Jesús de Nazaret y, desde entonces, me congrego para adorar a Dios en la Comunidad Cristiana de Saltillo y, además,escribo semanalmente, la Columna periodística EVIDENCIAS en un periódico local de mi ciudad,en el cual cada lunes pueden leerla y darla a conocer, si les parece bien, a otros conocidos, amigos y parientes suyos www.eldiariodecoahuila.com.mx, por lo demás,tengo hermanos, sobrinos y nietos